Reveló A24 un documento firmado por el ex presidente Hugo Chávez donde se expone la asignación de partidas millonarias para proyectos industriales que nunca se concretaron. Denunciaron que estos convenios, gestionados durante la presidencia de Cristina Kirchner y la cancillería de Jorge Taiana y Nicolás Maduro, habrían funcionado como una fachada para el desvío de dinero proveniente de Irán y China.
La aparición de un documento confidencial fechado el 24 de junio de 2010 ha arrojado nueva luz sobre la trama de las denominadas «200 fábricas socialistas», un ambicioso proyecto industrial impulsado por el entonces presidente venezolano Hugo Chávez que, según nuevas revelaciones, habría funcionado como una fachada para el desvío de fondos millonarios entre Venezuela, Irán y Argentina.
El archivo, que lleva la firma del fallecido mandatario, expone una solicitud formal del ministro Ricardo Menéndez, titular de la cartera de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, para la asignación de recursos adicionales destinados a «concluir satisfactoriamente» una serie de plantas industriales. El desembolso solicitado ascendía a 645 millones de bolívares y más de 14 millones de dólares, provenientes en gran medida del Fondo Chino-Venezolano.
Sin embargo, la investigación periodística denuncia que estas obras, presentadas como hitos de la cooperación bilateral, nunca llegaron a operar o directamente no se construyeron. Entre los proyectos fantasmas detallados figuran una recuperadora de tuberías petroleras, una planta de transformación de cereales y oleaginosas, y complejos para la producción de plásticos, leche y maíz, estos últimos bajo convenios directos con la República Islámica de Irán y con participación argentina.
El escándalo salpica directamente a la diplomacia de aquel entonces. En 2010, el canciller argentino era Jorge Taiana, mientras que su par en Venezuela era el actual presidente Nicolás Maduro. Ambos funcionarios fueron los responsables políticos de articular estos acuerdos comerciales. Analistas internacionales sugieren que la naturaleza de estos vínculos explica el actual alineamiento o silencio de ciertos sectores del kirchnerismo frente al régimen de Maduro: no se trataría solo de afinidad ideológica, sino de una trama de negocios compartidos que los mantiene como «rehenes» de un pasado común.
La hipótesis del desvío de fondos cobra fuerza con los testimonios de ex altos cargos de la inteligencia venezolana, como Hugo «El Pollo» Carvajal, quien aseguró que muchas de estas estructuras industriales financiadas por potencias extranjeras no tenían fines productivos, sino que servían de cobertura para operaciones de inteligencia y financiamiento ilícito de la política en la región.
El documento, ahora hecho público, ratifica la existencia de una triangulación financiera entre Caracas, Teherán y Buenos Aires, donde el flujo de dinero para infraestructura prometida terminó diluyéndose en una red de contratos estatales sin fiscalización efectiva.






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