La despedida del joven involucrado en un hecho de violencia armada generó un fuerte debate social tras la viralización de material que reivindica conductas delictivas en el funeral.

Un clima de tensión y dolor se vivió en un barrio periférico durante el entierro del menor que perdió la vida en circunstancias violentas hace pocos días. Generaron un fuerte rechazo las polemicas fotos con las que despidieron al nene de 12 años que murio en un enfrentamiento con la policia, imágenes que circulan por redes sociales y muestran armas de fuego colocadas sobre el féretro. Este tipo de rituales, que se han vuelto frecuentes en ciertos entornos vulnerables, disparó una vez más el debate sobre la marginalidad y la falta de presencia del Estado en la formación de los jóvenes. La familia del pequeño manifestó su dolor, pero los registros visuales de la ceremonia despertaron la indignación de gran parte de la sociedad que reclama justicia ante la escalada de violencia delictiva juvenil. La investigación sobre el hecho original continúa abierta para determinar si el accionar de los uniformados se ajustó a los protocolos legales vigentes en el momento del tiroteo. Mientras tanto, asistentes sociales y especialistas en niñez han advertido sobre el peligro de «naturalizar» este tipo de funerales que glorifican el mundo del delito frente a otros menores presentes en el acto. La zona donde se realizó el sepelio estuvo custodiada de manera discreta para evitar nuevos incidentes entre bandas rivales o con la fuerza policial. El caso sigue siendo motivo de análisis en los principales programas de actualidad del país por su impacto simbólico negativo.

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