La Generación Z desarrolló una fobia clara a los llamados telefónicos. Así lo confirma un estudio reciente que reveló que el 56% de los jóvenes percibe las llamadas como portadoras inevitables de malas noticias, lo que explica su tendencia a evitar atenderlas de manera sistemática.
Este comportamiento no surge de la nada. Responde a transformaciones concretas en el ecosistema comunicacional y en la percepción de riesgo que manejan los más jóvenes.
La primera variable es tecnológica. Durante la última década, las aplicaciones de mensajería se consolidaron como el canal preferido de comunicación entre jóvenes. WhatsApp, Instagram, Telegram y otras plataformas ofrecen ventajas claras respecto al teléfono tradicional: el usuario controla cuándo leer, cuándo responder, tiene tiempo para pensar sus palabras. No hay urgencia, no hay presión. Esto se alinea perfectamente con las preferencias de una generación que nunca conoció la comunicación sin internet.
La segunda variable es la seguridad percibida. El crecimiento de estafas y fraudes perpetrados vía telefónica acondicionó la mente de los jóvenes a sospechar de cualquier llamada. El número desconocido es automáticamente peligroso. Incluso las llamadas de números conocidos generan sospecha. Esta desconfianza se retroalimenta: cada noticia sobre estafas refuerza el prejuicio de que las llamadas son amenazas.
Hay además un componente psicológico importante. Para muchos jóvenes, recibir una llamada genera ansiedad real. La sincronía obligatoria, la imposibilidad de editar lo que se dice, la incertidumbre sobre el contenido: todo genera estrés. Los mensajes permiten un tipo de comunicación más controlada, más segura emocionalmente.
Finalmente, la Generación Z es una generación nativa digital. Crecieron escribiendo, usando emojis, consumiendo contenido visual. La voz como medio de comunicación nunca fue central en sus vidas. El teléfono les parece anacrónico.
Las implicancias de este cambio serán importantes en los próximos años, especialmente en contextos donde la llamada aún es considerada esencial.
Imagen: Rami Al-zayat / Unsplash – Con informacion de TN






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