El ratio de créditos en dólares sobre depósitos alcanzó su punto más elevado desde 2019, revelando un cambio estructural en cómo se financia la actividad económica local. Esta tendencia es consecuencia directa de la decisión oficial de impulsar al dólar como principal motor de crecimiento ante la contracción del crédito en pesos.
La realidad crediticia argentina mostró en los últimos años una progresiva asfixia en el financiamiento disponible en moneda nacional. Para contrarrestar esto, las autoridades decidieron flexibilizar las regulaciones que limitaban la concesión de créditos dolarizados, permitiendo que la oferta se expandiera notablemente.
Este cambio de orientación financiera trae consigo perspectivas alentadoras. Sectores económicos que enfrentan dificultades para acceder a crédito en pesos pueden encontrar en el financiamiento dolarizado una vía de escape, facilitando inversiones y operaciones que generarían dinamismo. La modalidad resulta especialmente útil para empresas con ingresos en divisas.
No obstante, existen riesgos estructurales a considerar. El principal es la exposición cambiaria de quienes se endeudan en dólares sin percibir ingresos en la misma moneda. Un fortalecimiento del dólar frente al peso incrementaría la carga del servicio de deuda, potenciando incumplimientos. Además, una economía sustancialmente dependiente de crédito dolarizado se vuelve vulnerable a shocks macroeconómicos internacionales.
Mirando hacia adelante, la gran pregunta es si este crecimiento del financiamiento dolarizado continuará o si encontrará un techo. La evolución estará determinada por factores como la estabilidad del tipo de cambio, la disponibilidad de dólares en el sistema financiero, y las futuras medidas de política monetaria que adopte el Gobierno.
Imagen: Quilia / Unsplash – Con informacion de Ámbito






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